La espera.

El pasado miércoles 8 de agosto, la Campaña por el Aborto Legal Seguro y Gratuito, tuvo su apogeo cuando el Senado trató el proyecto de ley con media sanción de la Cámara de Diputados. La ley no se aprobó.

Miles de mujeres mueren por año en la Argentina a causa de abortos mal practicados, en clínicas clandestinas, o en forma casera, sin ningún tipo de asesoramiento ni seguridad. Mujeres, y adolescentes, y niñas. En soledad.

Una inmensa juventud de todo el país salió a la calle para hacerse escuchar, fueron meses en manifestación muy creativos e intensos. Esta gran marea verde, vital, maravillosa, feminista, integradora, revolucionaria, obtuvo la oposición de los sectores más rancios y conservadores del país, representados por la mayoría de los senadores que votaron en contra, con discursos que sobrepasaron lo patético: desde las iglesias, todas, hasta hijos de ex militares genocidas, neonazis, y gente extraviada emocionalmente. Gente que nunca antes, se ve, había oído hablar del aborto y a la que la sola idea de una mujer decidiendo no ser una incubadora los saca de quicio; gente que en absoluto moverá un solo ápice de energía en tratar de llevar adelante toda la caterva de supuestas alternativas posibles que esgrimieron para argumentar en contra, que jamás se preocupará por esa vida en riesgo que defendieron con tanto ahínco.

Llegamos temprano, aún era de día. Sólo hice una foto, de una hermosa bebé a cococho de su madre, engalanadas en verde. Pero tenía ganas de ir `Al otro lado´, como llamamos congraciadamente al sector de la Plaza de los Dos Congresos ocupado por los amantes del rosita y el celeste, colores elegidos para representar a este hipócrita movimiento ´De las 2 vidas´.

Pasamos la tarde caminando entre un amontonamiento aterradorTodo lo que encontramos era lo esperado, un escenario con un pastor que vociferaba una oración al feto, gente enarbolando banderas de Argentina, monjas y curas en sotana, ex combatientes, jóvenes nazis, una gran cantidad de figurillas religiosas, y mucha policía.

Sentí asfixia. Llovía tanto que nos metimos en un bar. Hasta ese momento no pude dejar de pensar en todas las chicas que saltaban y cantaban y se abrazaban detrás del enorme vallado divisorio, nuestro lado.

La exposición de los Senadores podía extenderse hasta entrada la media noche, y las muchachas y muchachos pasarían en vigilia un clima molesto, rodeados del frío y de la esperanza inclaudicable. Pensaba en ellxs, y miraba a mi alrededor, viendo como la noche se reflejaba en los corazones de todas esas personas que estaban ahí clamando por las 2 vidas, blandiendo sus crucifijos y rezando fervorosamente para exorcizar el Congreso de demonios abortistas.

Para la hora de la votación volvimos, ya no tolerábamos esa atmósfera infumable, me sentía agobiada, mirando a todos los personajes terroríficos por la calle. Llovía, llovía mucho.

Lo que nos recibió fue suficiente para entender que la libertad anida en los corazones dispuestos a defenderla. Que cualquier sacrificio es mínimo si se abraza colectivamente, y esa fuerza hace que toda afrenta sea chiquita. Saqué muy pocas fotos a decir verdad, embebida por la energía fulgurante de esa hermosa juventud.

Rostros agotados, todavía en pie, o acovachados bajo balcones mínimos, caritas de brillantina verde y luz propia. Pilotos rasgados y paraguas rotos. Y llovía, llovía mucho.

Nos quedamos para ver a Anita Tijoux, la encantadora cantante chilena que nos vino a hacer el aguante, que vino a decirnos que América Latina va a ser toda feminista, y que este paso que dimos las argentinas (porque afortunadas las orientales, afortunadas), ya se replica en México, en Brasil, en Chile, en Paraguay, Perú…

Nos quedamos ahí, había calor, mirando el futuro en esas caritas nóveles, caritas cansadas, pero enardecidas, despiertas, ilusionadas. Porque la marea abrazante es donde la lucha es fértil, donde la vida se afianza realmente, donde comenzamos a vernos y a reconocernos, y a construir un horizonte juntxs. Ese cortito rato iluminado por la esperanza, verde verde verde, fue suficiente para comprender la magnitud de nuestra fuerza. Para saber que vamos a sacar adelante esta ley que contruímos juntxs, porque #SeráLey.